domingo 16 de diciembre

La “diplomacia del beso” se estrella contra el muro de la Casa Blanca

Un desfile militar en París y una cena en la Torre Eiffel. Abrazos y besos en la Casa Blanca. Expresiones mutuas de respeto y admiración. ¿Un romance transatlántico?

La capacidad de los europeos —y de su líder más visible, el presidente francés Emmanuel Macron, protagonista de las citadas escenas con su homólogo estadounidense— para apaciguar a Donald Trump se han estrellado con estrépito ante la decisión de Estados Unidos de abandonar el acuerdo nuclear con Irán.


La diplomacia del beso, como se ha llamado el intento de Macron de usar la sintonía personal para persuadir a Trump, ha resultado inútil. Toda esperanza de que Trump se ablandase, rectificase, aceptase alguna sugerencia de sus aliados se ha esfumado. Trump pagó con desprecio los intentos de los europeos —además de Macron, la canciller alemana Angela Merkel y el ministro británico de Exteriores, Boris Johnson— que desfilaron por Washington en días previos a la decisión sobre el acuerdo nuclear. Y creó una situación en la que las empresas europeas que hacen negocio con Irán se ven hoy amenazadas por las sanciones de EE UU.

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