viernes 3 de diciembre de 2021
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La distopía de un mundo sin internet

La caída de Facebook, Instagram y Whatsapp fue un evento no solo imprevisible, sino de alto impacto global. Mientras que en otros momentos esta caída apenas había durado algunos minutos, en este caso se extendió por más de seis horas. Las distintas aplicaciones y herramientas de la empresa de Mark Zuckeberg estuvieron completamente inaccesibles para los aproximadamente 3.500 millones de personas ―casi la mitad de la población mundial― que las utilizan. Además de las aplicaciones más conocidas, Workplace, su plataforma de conexión profesional, y Oculus, un servicio de realidad virtual, también quedaron suspendidos.

La «vida online» no quedó suspendida. Twitter, TikTok, Telegram, Zoom y los servicios de Google (incluyendo YouTube) continuaron activos. Aunque sea cada vez más inexacto dividir la vida entre física y en línea en un tiempo histórico en el que se encuentran completamente fusionadas, lo que se apagó no fue Internet. Fue, por el contrario, una parte de nuestra cotidianeidad fundamentada en la interacción a través de ciertas redes. En definitiva, una de las formas en las que nos comunicamos y «compartimos» en el presente.

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