jueves 6 de octubre de 2022
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La economía británica se ahoga y no hay un chaleco salvavidas que pueda ayudarla

En tiempos normales, la economía británica siempre se ha situado en un punto intermedio entre el modelo estadounidense —impuestos bajos, red de seguridad social limitada— y el enfoque europeo —impuestos más altos, estado de bienestar más generoso—. Tradicionalmente, ofrecía una combinación de pros y contras de cada uno. Sin embargo, ahora que los tiempos distan mucho de cualquier normalidad, se ha quedado atrapada entre lo peor de ambos mundos.

Por una parte, al igual que Estados Unidos, se enfrenta la escasez de mano de obra postcovid que afecta al mercado laboral (una de las tantas consecuencias del Brexit). Por otra, sufre un considerable incremento de las facturas por la crisis energética que está ahogando particularmente al Viejo Continente por su dependencia a los combustibles rusos.

Un conjunto de factores ha llevado al Reino Unido a afrontar ahora la peor inflación del G7 después de que los precios hayan subido a su ritmo más rápido en 40 años. En julio han llegado al 10,1%, el mayor salto desde 1982. Se trata de una tasa más alta que la de Estados Unidos (que ha bajado al 8,5%) o la Eurozona (8,9%). Aunque, en España, el IPC se ha disparado al 10.8%.

El aumento está impulsado particularmente por el costo de los alimentos, incluida la mantequilla, leche y aceite de oliva. Sin embargo, los británicos también se enfrentan a un precio récord en las tarifas ferroviarias, a pesar de las huelgas del sector que llevan meses paralizando el país.

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