La épica del fracaso: fallar está de moda

Ni el 0-5 contra Colombia en el Monumental por las eliminatorias de 1993 ni el 2-2 de 1969 contra Perú en la Bombonera que nos dejó afuera del Mundial de México 1970. El peor fracaso de la selección nacional de fútbol en toda su historia fue la eliminación en primera ronda del Mundial de Corea-Japón en 2002, luego de ganarle a Nigeria, perder con Inglaterra y empatar con Suecia. No lo afirman los enemigos de Marcelo Bielsa, el DT del seleccionado por entonces, sino que es una convicción del propio técnico, quien tiene una relación muy particular con la noción de fracasar: «Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos en los que he empeorado tienen que ver con el éxito», sostuvo Bielsa en aquel entonces durante una conferencia de prensa. Ahora, hace sólo semanas, volvió a demostrar por qué le escapa a los lugares seguros al afirmar en público y sin que le temblara la voz que Sampaoli es mejor que él: «Sampaoli no es un discípulo mío, en realidad yo he notado que él es mejor que yo y no lo digo por falsa modestia. Yo no cedo en mis ideas y no lo digo como una virtud: es un defecto. Sampaoli sí cede en sus ideas porque tiene un poder de adaptación que yo no tengo», aseguraba el DT ante cientos de oyentes sorprendidos durante un seminario en Brasil que, por supuesto, levantaron todos los medios nacionales.

Ahora bien, esta puesta en valor del fracaso como elemento de aprendizaje y de fortalecimiento excede el deporte y hoy está vigente en diversos contextos y disciplinas. Desde las películas para chicos en las que se rescata el valor de lo errático (como en Ralph el demoledor) hasta la política, en donde reconocer errores ya no es visto como tabú.