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miércoles 21 de octubre de 2020
Periodismo . com

La escena musical en crisis por el coronavirus

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La semana pasada el Quilmes Rock hizo su festival por streaming de Youtube y cada músicx tocó desde su casa. Cultura de Nación puso en marcha la realización de piezas audiovisuales para sus redes sociales con músicxs de todo el país interpretando sus canciones, y contrató a artistas para que hicieran recitales desde sus canales de Youtube. El Club Atlético Fernández Fierro lanzó un ciclo pago de conciertos digitales vía una plataforma donde se pudo depositar un abono solidario. Estas son algunas de las estrategias que planteó la industria de la música desde que todas las actividades se paralizaron. Sin embargo, las trabajadoras de la cultura, en especial de la música, quedan vulnerables en una cadena de precarización industrial. Si los efectos de la crisis también tienen un sesgo de género, la parálisis laboral por la pandemia mostró la frágil situación (económica, no de lucha y fuerza) del circuito de las músicas, los espacios amigxs, y la cadena de trabajadoras autónomas de la música.

“La desazón es compartida por todo el sector cultural”, dice Lisa Kerner, agitadora cultural y fundadora de Casa Brandon, un espacio valioso e ineludible para las artes y lxs artistas LGBTIQ+. El aislamiento social y preventivo por la pandemia del coronavirus obligó a que todos los centros culturales y clubes de música cierren sus puertas, y a que lxs músicxs no puedan hacer más shows en vivo. A partir de ahí, toda una cadena de trabajo quedó interrumpida y a la deriva, por el carácter autónomo, autogestivo y precarizado del circuito musical.

Los eslabones que se van agregando a la cadena son productorxs, managers, agentes de prensa, stages, técnicxs de las luces y del sonido, salas de ensayo, transportes, aquellxs que atienden la puerta y cortan el ticket, lxs seguridad, maquilladorxs, vestuaristas, fotógrafxs, entre otrxs, que vieron interrumpidos sus ingresos.

latfem.org  (latfem.org)