domingo 16 de diciembre

La extraña, honorable lucha de Nueva Zelanda por aparecer en los mapas

Cuando Gerardo Mercator proyectó la superficie terrestre sobre su célebre mapa (1569) lo hizo pensando en facilitar la tarea de los abnegados navegantes. De forma en absoluto casual, colocó a Europa en el centro del mundo. Aquella proyección terminaría definiendo la forma en la que pensamos los mapas del globo durante los siguientes siglos, pese a sus evidentes defectos y pese a que, ostensiblemente, generaba tantos ganadores como perdedores.

El más célebre es el continente africano, reducido a un tercio de su tamaño real y comparable, en el dibujo de Mercator, con la muchísimo más modesta Groenlandia. Pero hubo otro que pedazo de tierra al que el geógrafo flamenco terminaría condenando al accidental olvido: Nueva Zelanda.


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