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sábado 8 de mayo de 2021
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La ficción del dólar libre en la actualidad

A medida que hay cada vez más elementos de juicio como para pensar en un fin de 2020 muy calmo en materia económica y financiera, comienzan los pensamientos y las dudas acerca de cómo será 2021. En principio luce un año económico bastante diferente a este. El Gobierno inicia el nuevo año con la decisión de emitir pesos lo menos posible y eliminar todo riesgo deficitario por parte del Estado. En esta misma tónica viene transitando los últimos 45 días, y le ha ido mejor que cuando no había decisiones de equilibrar ingresos y gastos estatales ni de dejar de emitir moneda. La mejoría parece tener inocultables vínculos con la real asunción del ministro Guzmán en su cargo, lo que realmente sucedió en octubre, y en el declive del poder del ex todopoderoso zar del Banco Central, Miguel Pesce. Porque, a fin de ser realistas es necesario tener en cuenta que no solo la decisión de limitar el déficit y la emisión fueron determinantes a la hora de normalizar el espeso caldo de cultivo financiero que había, sino que además había una imperiosa necesidad de modificar cuanto antes la serie de dislates financieros que emitía sin cesar el Banco Central. Los mercados -auténtico termómetro de la salud de la economía – venían tambaleando a partir de las sucesivas restricciones a la compra de dólares “contado con liquidación” y a la ampliación cada vez mayor de días necesarios para hacerse con los bonos desde el momento de la compra, a fin de poder venderlos. Y es que resulta muy claro que en un mercado en el que escasea y se esfuma cada vez más la oferta, o bien se le dan seguridades y facilidades para que se restablezca, o bien el precio -se trate del bien que se trate- volará por los aires. Y eso es lo que pasaba con el dólar. Había una demanda mínima garantizada por parte de los fondos comunes de inversión extranjeros que habían quedado atrapados en pesos y pugnaban por salir. A esa demanda mínima asegurada se respondía restringiendo más y más la oferta, factor que desesperaba más a los propios fondos demandantes de dólares. Así se estaba dando una espiral de nunca acabar. Al aumento en la demanda se le respondía con supuestas restricciones a la demanda que en realidad operaban como grandes disuasivos de la oferta y como incentivo de más demanda.

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