viernes 17 de agosto

La fragilidad macroeconómica nos aloja cerca de Turquía

En las últimas 48 horas, dos fenómenos internacionales parecen agravarse: por un lado, la guerra comercial entre EEUU y China, la que parece ser comercial pero resulta ser financiera; por otro, la reaparición del fenómeno de crisis en Turquía, una economía intermedia que según la mayoría de los analistas ejercerá un efecto negativo sobre algunas de economías de países emergentes.

La devaluación de la Lira turca en 19% y la fragilidad de su modelo macroeconómico ejercen presión sobre su propia economía, impactan sobre sus vecinos europeos, básicamente sobre los países desarrollados y sobre el sistema financiero europeo. El primero en reaccionar fue el presidente Donald Trump de EUA, quien sin titubear publicó en su cuenta de Twitter que había firmado doblar los aranceles aplicados a los productos importados de ese país, como si las reglas de la OMC ya estuvieran derretidas por el verano del hemisferio norte.


Turquía enfrenta problemas de conflictividad política y falta de solvencia para sostener la Lira, lo que ha llevado a una creciente fuga de capitales mudando la posición de los ahorros de la moneda local al euro, lo que resulta en una influencia negativa que pone en jaque la estabilidad cambiaria.

Muy temprano reaccionaron los bancos centrales asiáticos para señalar que los problemas de Turquía lejos de influir negativamente sobre sus economías (fuertemente protegidas por altas reservas, nivel de actividad elevado, fuertes exportaciones y crecimiento económico sostenido), destacaban sus fortalezas antes que las posibilidades de una influencia que pudiera modificar el rumbo sostenido de Asia, tanto como Australia y Nueva Zelanda.

Los analistas especialmente en los mercados de Londres y Wall Street se preguntaron si Argentina no podía alojarse en el mismo nivel de riesgo que exhibía la economía y el gobierno Turco. Además de los comentarios de la citi americana y británica, el IIF (Instituto Internacional del Finanzas), organismo que nuclea a los bancos internacionales que financian mercados soberanos de deuda en los emergentes, persistió con anuncios lapidarios que enfatizan la fragilidad macroeconómica, debilidad fiscal, y el endeudamiento externo.

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