jueves 13 de diciembre

La gorra no se hereda: historias de jóvenes que luchan por quitarse de encima la más perversa de las herencias

Tengo las listas de los desaparecidos acá en la cabeza, dice Nicolás Ruarte (foto principal), el nieto de Luis Jorge Arias Duval, jefe de la central de reunión y del grupo de tareas 2 del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército durante la dictadura. Cuenta que vio lo que hace más de 40 años están buscando los familiares, los organismos de derechos humanos y la justicia. “Debían ser cuatro o cinco hojas. Muchos nombres por hoja. Sólo nombres y puntos suspensivos como separadores entre nombre y nombre”, insiste el chico de 28 años que hace unos meses se contactó con uno de los grupos de hijos e hijas que repudian a sus padres genocidas.

La aparición de Nicolás –así como la de otros nietos, nietas, hijos, hijas y ex hijas– terminó abriendo una puerta que se pensaba insondable a pocos días de cumplirse 42 años del último golpe de Estado: la intimidad de los represores, donde por años se refugiaron del rechazo social, protegieron sus secretos, pero también donde anida la repulsa que más los corroe: la de sus propios descendientes._Clickear para leer y ver la historia de Nicolás_


Arias Duval integraba el poderoso aparato de inteligencia del Ejército, responsable de secuestros, torturas e infiltraciones. En 2003 fue detenido por haber participado en las desapariciones y tormentos de militantes montoneros que volvieron al país en el marco de la contraofensiva. En 2007 –durante el primer juicio en el que se condenó a militares desde la reapertura del proceso de Justicia—, Arias Duval recibió una pena de 25 años de prisión.

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