La gran contradicción del Papa Francisco

El fervor que Francisco ha despertado en la sociedad contemporánea -más evidente entre los ateos que entre los fieles- llega al extremo de atribuirle declaraciones nunca proclamadas y proezas jamás realizadas.

Se trataría de forzarlo o de constreñirlo a cumplir con las expectativas de un revolucionario, otorgando así al cónclave del que salió triunfal todas las connotaciones providencialistas. El primer pontífice americano. El primer jesuita. El teólogo libertador elegido como antídoto al conservadurismo de sus antecesores.


Es un relato atractivo, pero no necesariamente verosímil. Lo demuestra el episodio de las «diaconisas», interpretado desde los exégetas franciscanos como el origen de una transformación radical que aspira a abjurar de la discriminación femenina.