La grieta de la propaganda política: la marca Cambiemos vs. la marca Cristina

Ernesto Savaglio, el publicista que cubrió de colores y logos a los principales políticos de la Argentina -desde el amarillo para Mauricio Macri y el naranja para Daniel Scioli hasta el +a que irrumpió con éxito en la campaña de 2013 de Sergio Massa y, mucho más allá en el tiempo, el bulldog que identificaba al ascendente Ricardo López Murphy de 2003- suele decir que Cristina emergió en política como una “construcción silvestre”. Nadie trabajó para crear su marca: “Nació de la naturaleza”. Tómela o déjela: sus asesores dicen que la ex presidenta cuenta con su propia marca y que, si termina siendo candidata, no importará bajo qué paraguas electoral se presente ni qué otros candidatos la acompañen en la boleta. Es más: el último rumor sostiene que, para tratar de sacarse de encima a Florencio Randazzo, no competiría bajo la sigla del Frente para la Victoria. El partido es lo de menos. Es ella.

“Cristina tiene una potencia electoral intransferible. El frente que ella lidera está estructurado en torno a su nombre y si es necesario cambiarlo lo vamos a hacer”, dice el consultor Artemio López, que trabaja en el comando K. Su peso específico es un atributo pero también abre un enorme signo de preocupación para quienes quieren ver a Macri lejos de la Rosada: los encuestadores que no trabajan para su postulación advierten que el techo electoral es demasiado bajo y que difícilmente su pasado le permita recolectar votos de indecisos o incluso de quienes no simpatizan con las políticas del Presidente.