La grieta llegó al hampa: ladrones y asesinos, divididos por Macri y Cristina

Más de cincuenta y siete mil detenidos sin condena firme fueron habilitados para votar en las PASO del domingo. Entre ellos Robledo Puch y Nahir Galarza. También votaron muchos recién salidos de prisión, como el célebre Luis «el Gordo» Valor que durante treinta años sufragó en las sombras. Pese a compartir ciertos códigos ellos tampoco se salvan de la grieta. El periodista Rodolfo Palacios nos cuenta a quién votó cada uno.

El padrón electoral no juzga ni discrimina. Si se pone el nombre de Carlos Eduardo Robledo Puch no dirá que mató o que está preso. Al contrario. Lo habilita para votar en la escuela número 17 de de Sierra Chica (mesa 253, orden 59), el pueblo cercano a Olavarría donde está la cárcel en la que cumple condena perpetua por haber matado a once personas en 1972. En el ítem ocupación, claro está, no dice «asesino serial» sino «mecánico», el oficio que aprendió en los pocos ratos libres que le dejaba su verdadera vocación: robar sin parar y matar por la espalda, o mientras sus víctimas dormían.


El caso de Ricardo Barreda es parecido. El femicida que el 15 de noviembre de 1992 mató a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas, que está libre y tiene ochenta y tres años, es presentado como «odontólogo matrícula 5156539». Aunque por su edad ir a votar no es obligatorio, fue habilitado para sufragar en la escuela número 6 de Loma Hermosa. Mesa 777, orden 76.