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lunes 14 de junio de 2021
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La Guardia Indígena protege a los manifestantes en Cali

Suenan las bocinas de una larga fila en movimiento de buses escalera; se trata de los coloridos camiones del medio rural colombiano que transportan a la gente tanto en su interior como en el toldo, adonde se accede por una escalera. En ellos, entra a Cali la minga [reunión o marcha] indígena, proveniente del departamento vecino del Cauca, el 4 de mayo de 2021. Siete mil indígenas se asoman por las ventanas de los buses o están sentados en los toldos; agitan sus banderas –con una franja verde y otra roja– mientras saludan a una multitud efusiva y bulliciosa el 4 de mayo de 2021; son los caleños, que los reciben de pie y sostenidos de las barandas. El Paro Nacional cumplía entonces una semana y Cali, la tercera ciudad más importante de Colombia, con dos millones y medio de habitantes, ha sido el centro de las protestas.

El 28 de abril, cuando el paro empezó, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) –creado hace cincuenta años y conformado por 127 autoridades indígenas, diez pueblos y 11 asociaciones de cabildos– se movilizó en su territorio, suponiendo que sería una jornada corta. Pero al día siguiente, al ver que miles de chicos y chicas continuaban en las calles y que muchos eran reprimidos por la fuerza pública en distintas ciudades, las comunidades indígenas del Cauca –en especial, las de la zona norte– decidieron apoyar a los jóvenes y viajar hasta Cali, donde la represión ha sido más severa. La minga es una palabra cotidiana en Colombia; nombra la reunión de comunidades indígenas y, en los últimos años, empezó a aludir a las marchas masivas que varias de ellas –sobre todo, las caucanas– han emprendido por la exigencia de sus derechos. En esta ocasión, la minga permaneció en Cali hasta el 12 de mayo.

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