jueves 13 de diciembre

La guerra comercial de Trump amenaza la economía estadounidense y el orden global

El ciudadano Trump contra el resto del mundo. Así es el actual Tío Sam. Dispara sus tuits como si no hubiera un mañana. Desde el minuto uno de la asunción de su cargo, el comandante en jefe del ejército más avanzado tecnológica y militarmente del planeta y de la única potencia nuclear que ha utilizado armas atómicas contra población civil no ha parado de lanzar diatribas y mensajes ofensivos y amenazadores. Fiel a su ideario, dicen sus acólitos. Quizás uno de los que más ha disfrutado ha sido el que, hace un par de semanas, se considera de forma unánime en todas las cancillerías del mundo como una declaración de guerra comercial.

Porque, a juzgar por el contenido y el tono de sus proclamas, y por la constatación de sus más fieles asesores en la Casa Blanca, la defensa del proteccionismo y las apelaciones al patriotismo son las dos piedras filosofales de su ideario. Los temas con los que se siente plenamente realizado, los que colman su ego. Más, incluso, que su feroz, constante y numantina insistencia en que el Congreso firme el acta de defunción del MediCare o la Ley Dodd-Frank -la asistencia universal de la sanidad y las reglas contra las malas praxis del sector financiero, que hizo acopio de activos tóxicos hasta el punto de desencadenar el mayor credit crunch desde 1929, y en respaldo de los derechos del consumidor- dos de las iniciativas que marcaron el mandato de su antecesor, Barack Obama.


O que su doble rebaja fiscal, sin precedentes en la historia por el calibre de sus recortes tributarios, o el incremento presupuestario, también histórico, destinado a Defensa, que manejará este año una partida de nada menos que 600.000 millones de dólares. Bajo la justificación de modernizar el ejército, dotarle de armas innovadoras y preparar a EEUU ante nuevos desafíos globales.

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