jueves 20 de septiembre

La guerra judicial: caos y (des)Control en el subsuelo de la Patria

Entre el escepticismo y el frío que corre por la espalda. Así perciben en la órbita de Comodoro Py el capítulo de los cuadernos de Oscar Centeno que atenta contra la familia judicial. El Gloriagate no sólo retornó a las figuras encumbradas del ex Frente para la Victoria a la cárcel y alteró los días de un grupo de empresarios que jamás habían tenido que rendir cuentas por sus actos. También metió presión contra el -hasta hace poco- todopoderoso operador judicial Javier Fernández.

Miembro de la Auditoría General de la Nación, que mamó su formación de César Arias y Rodolfo Barra en el amanecer del menemismo, Fernández fue el abogado que aceitó un esquema exitoso durante dos décadas: la savia de los servicios de inteligencia, la forma de los tribunales federales y la difusión en los medios de comunicación. Una artillería siempre funcional al poder de turno, según los conocedores del circuito.


Mencionado en los cuadernos del ex sargento del Ejército como “Javier de Inteligencia”, el Fernández que fue secretario de Barra en la primera Corte menemista tuvo que declarar esta semana ante el juez federal Claudio Bonadio. Cuentan que llegó con una valija llena de documentación con la que intentaba probar su riguroso control sobre la corrupción kirchnerista. Habrá que ver si convenció al magistrado que quedó asociado a la servilleta de Carlos Corach, después de haber sido su secretario de Legal y Técnica.

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