viernes 3 de diciembre de 2021
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La historia de una bofetada que salvó a un hombre de la horca

La primera vez que escuché hablar de Balal, un condenado a muerte, fue cuando el cineasta iraní Mostafa Kiaei me invitó a una proyección especial de su última película para recaudar fondos para el diyeh, un sangriento precio que se le puede pagar a la familia de la víctima para evitar la ejecución.
Mi esposa y yo trabajamos voluntariamente en una asociación que estaba haciendo campaña por la vida de Balal, quien fue condenado a morir ahorcado por haber matado a puñaladas a un hombre en una riña en 2007.
Dos días antes de la fecha prevista de su ejecución, recibí una llamada telefónica. Nos pedían viajar con urgencia de Teherán a Noor, la ciudad en el norte de Irán donde Balal estaba preso. No fui menos como fotógrafo que como ser humano.

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