martes 19 de junio

La historia detrás del legado de Fontanarrosa: a un paso del acuerdo, tras 10 años de litigio entre sus herederos

Un día Fontanarrosa se metió en su propia historieta. La escena es así: Inodoro Pereyra y Boogie el aceitoso miran, algo incrédulos, a su propio creador dentro de la misma viñeta. Él los increpa, les dice, con una goma en la mano, que no jodan porque los borra y chau. Entonces Boggie saca su famosa 44 Magnum deluxe y dispara. “CRAN”, el sonido dibujado de su muerte. La situación concluye con los dos personajes caminando en el horizonte. “Los dibujantes pasan, los dibujos quedan”, dicen.

Hoy esta frase vuelve a tener sentido, porque luego de diez años el litigio legal entre su único hijo, Franco Fontanarrosa, y su segunda y última esposa, Gabriela Mahy, empezó a cerrarse. La duradera discrepancia se tradujo en inconvenientes para reeditar su obra y publicar nuevos materiales. Según fuentes judiciales de Rosario a las que pudo acceder Infobae Cultura, se dio un importante primer paso para sellar el acuerdo. Las proporciones, en concepto de regalías y usufructo de la producción artística y literaria del “Negro”, quedarían así: 65% para el hijo y 35% para su viuda.


Fontanarrosa murió el 19 de julio de 2007 de un paro cardiorrespiratorio. Tenía 62 años y una enfermedad incurable, esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que lo dejó en una silla de ruedas incapacitado para dibujar. Antes de morir, un año antes exactamente, le cedió los derechos a su hijo, estaba a punto de casarse con Mahy, luego de una larga convivencia. Firmado este papel, se casó y a los pocos meses falleció. Al año siguiente, pleno 2008, comenzó la disputa legal: Mahy realizó la denuncia contra Fontanarrosa hijo ya que quería publicar Negar todo, una serie de 24 cuentos inéditos, como estaba pactado con Ediciones de la Flor, la editorial donde publicó siempre. Pero él no; no quería, y tenía los derechos.

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