La historia sobre cómo el primo de Macri ganó, de manera irregular, el Paseo del Bajo

Angelo Calcaterra no viene del mundo de la política. No se crió rodeado de bombos o cantando canciones de cancha, y ni siquiera hizo como el “primo pobre” que hace muchos años se fue a patear Buenos Aires con deseos de una intendencia y algo más. Mucho menos siguió los pasos de su otro primo, el que armó su propio partido y se presentó a elecciones. Ángelo es de otro palo. A pesar de que los progenitores de los tres vinieron en el mismo barco y trayendo los mismos sueños, él siempre miró de reojo el destino de los familiares de su generación y hasta fantaseó con que las aspiraciones de los díscolos quedarían en el camino.

Por no compartir el amor a los votos es que se enoja tanto cuando la política le cambia los planes. Por eso Ángelo estuvo casi tres meses sin hablar con el Presidente, con el que recién se reencontró en un almuerzo en la quinta en Los Abrojos un domingo a fines de octubre. También es por eso que está convencido de que los eventos que entorpecieron la íntima relación que tenía con su primo nacen desde los pasillos de la Jefatura de Gabinete, aparte de las ácidas críticas que le lanza su enemiga Elisa Carrió.


Pero hay algo del arte de la política que Ángelo dice que lo irrita más que todo: cuando se mete en sus negocios millonarios, lo que parece una ironía si se tiene en cuenta que al amparo del Estado creció todo el grupo Macri. Y, según dice estar convencido Calcaterra, las fuertes irregularidades que detectó un reciente informe de la Auditoría General de la Ciudad sobre la gigantesca licitación -la más cara de la década- que ganó su ex empresa IECSA mientras aún le pertenecía, es parte del juego macabro de la política. A pesar de que tres de los siete auditores que firmaron ese documento son del PRO. A pesar de que otro, de la Coalición Cívica, asegura que hay aspectos “poco claros”, mientras que la funcionaria de la UCR intentó llevar el informe a la Procuración para que lo investigue y fracasó por la resistencia del partido amarillo. A pesar de que “Lilita”, la garante moral de Cambiemos, le asegure a esta revista que le gustaría que se audite la obra mientras se construye, medida que rechazó el oficialismo con una ayuda indispensable -los misterios de la grieta- del PJ. A pesar de que Calcaterra mismo, junto a los grandes patrones históricos de la obra pública local, admitió ante un juez federal haber pagado dinero en negro al gobierno anterior, poniendo de relieve lo cartelizada que está esa área y sus oscuros vínculos con el poder de turno. Pero el primo, jura, es una víctima de la política. Pobre Angelito.