lunes 28 de noviembre de 2022
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La ignominia del caso Assange

Al inaugurar esta semana su Cumbre para la Democracia, Joe Biden instó a sus invitados a «defender los valores que nos unen», entre ellos la prensa libre. El presidente estadounidense presumió de su nueva iniciativa para la renovación democrática, que incluye medidas de apoyo a unos medios de comunicación libres e independientes: «Es fundamento de la democracia. Es la forma de que el público se mantenga informado y los gobiernos rindan cuentas. Y en todo el mundo, la libertad de prensa se encuentra amenazada».

Sin embargo, el propio gobierno de los Estados Unidos está poniendo en peligro la capacidad de los medios de comunicación para sacar a la luz verdades incómodas y descubrir delitos y encubrimientos oficiales. Este viernes [10 de diciembre], el Alto Tribunal dictaminó que Julian Assange puede ser extraditado a los EE.UU., donde podría enfrentarse hasta a 175 años de cárcel. La decisión no supone sólo un golpe para su familia y amigos, que temen que no sobreviva al encarcelamiento en los Estados Unidos. También supone un revés para todos aquellos que desean proteger la libertad de prensa.

La sentencia revoca la decisión adoptada en enero por un tribunal de distrito, según la cual el fundador de WikiLeaks no podía ser extraditado debido al riesgo substancial de que se suicidara, dada su salud mental y las condiciones a las que se enfrentaría. Posteriormente, los EE.UU. presentaron un paquete de garantías en su intento de anular ese fallo, que los jueces del alto tribunal aceptaron. Pero los EE.UU. se han reservado el derecho a internarlo en un centro de máxima seguridad o a someterlo a medidas administrativas especiales – algo pueden incluir el aislamiento prolongado- en función de su conducta. Su equipo apelará, y es probable que el proceso legal se demore durante años.

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