lunes 20 de agosto

La industria del diamante ha comenzado a devorarse a sí misma vendiendo diamantes sintéticos

Pocos materiales hallados de forma natural en el planeta condensan nuestra concepción de lujo y riqueza como el diamante. Desde su extracción y comercialización en masa a finales del siglo XIX, los diamantes se han convertido en piezas de extraordinario valor: carísimas, preciadísimas y, en teoría, escasísimas, su precio ha sido una constante al alza durante décadas. Un mercado infalible. Eso podría estar a punto de cambiar gracias a la venta del primer diamante sintético.

¿Qué ha pasado? Que De Beers, el antaño monopolio universal de la comercialización de diamantes, ha comenzado a hacer lo que siempre negó que haría: vender diamantes creados en un laboratorio. Las piezas no se diferencian en nada de los diamantes hallados en la corteza terrestre. Su composición química es idéntica (están compuestos fundamentalmente de carbono) y sus propiedades y aspecto no difieren en nada. Lo cual genera una gran contradicción en la industria.


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