domingo 23 de septiembre

La industria del libro vive un momento de franca desesperación: “No hay plan editorial que resista esta crisis económica”

El derrumbe de la industria editorial se acelera por la crisis económica, la devaluación del peso, la inflación y la recesión, una combinación pesadillesca para la cadena del libro. Nadie pronunciará esta expresión, pero la sensación de editores, libreros y distribuidores es que están en terapia intensiva. “El daño ya está hecho”, dice Carlos Díaz, director editorial de Siglo XXI, diagnóstico que comparten otros editores como Leonora Djament, Juan Ignacio Boido, Damián Tabarovsky, Julio Patricio Rovelli López, Juan Manuel Pampín, Graciela Rosenberg, presidenta de la CAL; y el librero y distribuidor Gabriel Waldhuter. Si las ventas se desplomaron casi un 50 por ciento en el período 2015–2018, si el mercado interno está muy deteriorado –adjetivo menos dramático para aquellos que preservan una mínima dosis de esperanza–, la novedad de aplicar retenciones del 12 por ciento a las exportaciones de libros empeora una sobrevivencia cada vez más complicada.

“La situación que está atravesando el sector es gravísima y se agrava más día a día”, confirma la editora de Eterna Cadencia, Leonora Djament, a PáginaI12. “Si las cifras de caída en ventas de los últimos tres años rondaban el 25 por ciento promedio, hoy ya se habla de un 50 por ciento en algunos casos. En un contexto recesivo, no hay dudas de que el libro, que no es un bien de primera necesidad, cae más y más rápidamente”, explica Djament. “Las pocas políticas estatales de fomento a la lectura o de ayuda a la industria editorial desaparecieron por completo. A esto se le suma un aumento del papel que al estar dolarizado ha subido por encima de la inflación, teniendo en el caso de las cartulinas con las que hacemos las tapas inflación en dólares. Una locura. Al día de hoy, aunque son pocas las papeleras que dan precio, el papel subió un 75 por ciento desde febrero y la cartulina un 163 por ciento más. Es imposible trabajar con estas cifras. Por otro lado, se oficializó las retenciones a las exportaciones del 12 por ciento: si hace por lo menos una década exportar libros es difícil por varias razones, sumarle dificultades no parece ser la mejor idea. El panorama es muy malo y peor es para las editoriales pequeñas y medianas, donde la fragilidad económica y financiera es estructural. Nada de esto se puede revertir sin un interés por parte del Estado”.


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