lunes 8 de agosto de 2022
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La infidelidad y el ajusticiamiento público: por qué creemos ético airear la intimidad de otro

Una de esas preguntas del millón, en la que pocas personas se ponen de acuerdo es ‘qué harías si descubres a la pareja de un amigo/a o familiar con otra persona’. ¿Se lo contarías? Hay quien responde que sí sin dudarlo, pero también quien considera que las relaciones son algo íntimo, que puede que tengan una relación abierta, que la otra persona prefiera no saber de la infidelidad y vivir feliz en la ignorancia o que en realidad nunca nos creerían. Pero, ¿qué pasa cuando en vez de hablar de la infidelidad de alguien cercano tenemos la oportunidad de airear la infidelidad de unos desconocidos? ¿Por qué en redes parece que vale lo que en la vida normal nos pensaríamos dos veces?

No solo hablamos del reciente caso de Santi Millán, donde más allá del delito que supone la difusión de un vídeo íntimo de contenido sexual, gran parte de los tuiteros se centraron en señalar a su mujer como víctima de una infidelidad. En este caso, Rosa Olucha, su mujer, escribió un texto en su Instagram para aclarar que, por si en el siglo XXI aún no lo sabíamos, hay parejas que tienen sexo fuera del matrimonio y no hay nada de lo que escandalizarse.

Pero parece que ni siquiera necesitamos la excusa de que sea un personaje público para convertir una infidelidad en un tema colectivo. Hace unos días se hacía viral un tuit donde una usuaria daba datos sobre una conversación en la que escuchó a un chico que pensaba ser infiel a su novia. La novia ató cabos y contestó dando las gracias, para después dar más datos sobre el tema en sus propias redes. ¿Por qué nos sentimos tan interpelados cuando se trata de sexo fuera de la pareja?

smoda.elpais.com  (smoda.elpais.com)