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martes 20 de abril de 2021
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La insurrección ultraortodoxa en Israel

La disputa entre judíos seculares y ultrarreligiosos en Israel no empezó con la crisis del covid-19, sino que rastrea sus orígenes en la propia idea del sionismo político. La tensión inicial se dio sobre la naturaleza misma de Israel antes de que naciese el actual Estado en 1948: gran parte de los religiosos ultraortodoxos creen que la creación de un Estado (reino) judío debe ser patrimonio exclusivo de la intervención divina, mientras que los segundos consideran que la redención nacional puede también ser conducida por la mano del hombre.

Un importante pero minoritario sector de judíos seculares —luego de siglos en la diáspora como ciudadanos de segundo orden— idearon, apoyaron y lucharon por el novel Estado judío como solución a la persecución y discriminación que vivían en Europa, continente en el cual, hace menos de cien años, se encontraba el grueso de la población judía mundial. Fue un triunfo casi quijotesco (que también incluyó injusticias contra otro pueblo, como ocurrió con los palestinos) de ese pequeño grupo de judíos seculares que se autodenominaron sionistas. Si bien es cierto que algunos religiosos también participaron en los albores del movimiento, la gran mayoría de ellos no veía como imperiosa la necesidad la creación de un Estado nacional judío y mucho menos uno creado por judíos no creyentes y de orientación socialista.

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