lunes 29 de noviembre de 2021
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La inteligencia artificial no es peligrosa; nosotros, sí

El que termina fue, como escribí el martes en el anuario que publicó LA NACION, un año muy movido para la industria digital e Internet. En términos de lanzamientos y desarrollos, lo más disruptivo fue la llegada de los drones, tanto en un sentido positivo como en uno negativo. La actividad de los robots volátiles no está regulada en casi ningún lugar del mundo, y no son precisamente juguetes. Pueden causar accidentes gravísimos si chocan con aviones -como estuvo cerca de ocurrir en Londres y Pensilvania, por citar solo dos casos- o si se desploman sobre las personas. Imponen también graves desafíos en términos de privacidad. Pero, a la vez, hay que darle la bienvenida a una tecnología que puede ayudarnos en muchos sentidos, la mayoría todavía no revelada.

Con todo y haber sido un año de transición, sin grandes alumbramientos, 2014 fue testigo, por primera vez en un nivel tan alto, de advertencias sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial (IA) termine por erradicar a la especie humana. El cosmólogo Stephen Hawking y Elon Musk, fundador de PayPal y CEO de Tesla Motors, fueron las dos voces más relevantes y autorizadas que se encargaron de alertar sobre un destino nefasto, si no ponemos alguna clase de control al desarrollo de la IA.

Musk dijo en un tweet que la IA «es potencialmente más peligrosa que las armas nucleares» y luego, en otro, todavía más perturbador: «Espero que no seamos sólo el cargador orgánico de una super inteligencia digital. Desafortunadamente, esto es cada vez más probable».

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