La justicia en la mira del nuevo Gobierno

Una de las tantas anomalías que tiene la Argentina es la relación entre el Poder Ejecutivo y la Justicia federal: cada vez que un presidente deja el poder, resulta casi rutinario que termine deambulando por los pasillos de Comodoro Py para declarar como imputado en alguna causa. Y también es posible que el juez o la jueza que tome esa declaración sea alguien que haya sido propuesto por ese mismo presidente o presidenta. Le pasó a Carlos Menem, a Fernando de la Rúa y también a Cristina Kirchner. Los dos primeros, luego de que dejaron el poder, nunca más pudieron volver. Pero Cristina Kirchner sí. Y ahora tiene la experiencia acumulada de haber alimentado a jueces que luego se volvieron sus verdugos.

Ese apredizaje será crucial a la hora de definir la manera en que se refomará el sistema federal de Justicia, como lo anunció el presidente Alberto Fernández en su discurso de asunción del pasado 10 de diciembre. Ya existe un plan y el principal desafío de la nueva administración será lograr un sistema que, tras finalizar el mandato, no se le vuelva en contra, como sucede en cada cambio de ciclo. Desde 1983 a la actualidad, la política buscó colonizar los tribunales con hombres y mujeres leales que respondieran a sus padrinos, pero al mismo tiempo se trata de personas con intereses y ambiciones personales. Roberto Dromi, el ex ministro menemista, solía definir a los jueces de la siguiente manera: “Con el tiempo, los jueces dejan de responder a alguien y pasan a responder a ellos mismo”.