La lección de la Corte

Puede rastrearse un patrón en las dificultades que el gobierno encadena en la justicia y el territorio. En la política y el poder. Son los primeros signos claros de agotamiento de un sistema de acumulación electoral que no supo cambiar esas fichas por una estructura de poder que dé cuerpo al cambio cultural que declaman.

El gobierno es un Robocop mal entrenado. Todavía grandote, amenaza hasta que del otro lado se dan cuenta que falta músculo detrás de la armadura. El fallo de la Corte que recortó las atribuciones de Carlos Rosenkrantz tiene una explicación sencilla: el juez creyó que exacerbar su condición de delegado del presidente en el Máximo Tribunal era garantía de autoridad. Pero no reparó en un detalle: No se puede aspirar a ejercer la representación de un poder implacable como un Nazareno y al mismo tiempo cosechar admiración por el inmaculado espíritu republicano. Que traducido a la teoría, podría formularse: no hay eficacia en la real politik si al mismo tiempo se prescinde de la amenaza de la fuerza y se espera los aplausos del público.


Acaso ese sea otro de los equívocos del Gobierno: Creer que son los únicos cínicos del juego. El agujero del mate ya está inventado y todos lo conocemos.