La masacre de Nueva Zelanda acentúa que el extremismo blanco es un fenómeno global

La masacre de 49 personas en Nueva Zelanda subraya las maneras contagiosas en las que la ideología y la violencia de la extrema derecha se han diseminado en el siglo XXI, incluso en un país donde no ocurrían tiroteos masivos desde hace más de dos décadas, y que rara vez se asocia con la extrema derecha.

Puede que Nueva Zelanda esté a miles de kilómetros de Europa o Estados Unidos, pero los videos del asesino demuestran que estaba profundamente alineado con la extrema derecha mundial: era un hombre familiarizado con la iconografía, las bromas internas y los modismos de distintos grupos extremistas de toda Europa, Australia y América del Norte, además de que era parte del ecosistema de la extrema derecha en internet.


Un manifiesto vinculado con el presunto asesino, que lo dio a conocer en sus redes sociales la mañana de la masacre, sugiere que su autor se considera a sí mismo un discípulo y un camarada de asesinos supremacistas blancos. El sospechoso, identificado en documentos judiciales como Brenton Harrison Tarrant de Australia, también saludó al presidente Donald Trump y, aunque se burló de sus habilidades de liderazgo, lo llamó “un símbolo renovado de la identidad blanca y el propósito común”.

Tarrant fue acusado el sábado de homicidio en relación con los asesinatos.

El autor del ataque estaba particularmente influenciado por las ideas y los métodos de Anders Breivik, el terrorista de extrema derecha noruego que mató a 77 personas en 2011 y cuyo propio manifiesto de 1518 páginas inspiró a varios imitadores extremistas; entre ellos, según las autoridades, a Christopher Hasson, el teniente de la Guardia Costera que enfrenta cargos federales por planear un ataque terrorista en Estados Unidos que sigue el patrón de Breivik.