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sábado 8 de mayo de 2021
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La miel, el único salvoconducto en la guerra de Yemen

Tras seis años de guerra, Yemen ha quedado partida en tres y embargada por cielo, mar y tierra. En la contienda, tan solo los apicultores, alquimistas del oro líquido y marca distintiva del país, gozan de inmunidad para atravesar cargados con sus colmenas la miríada de controles militares y frentes, incluso en tiempos de bombardeos. Lo hacen en busca de las mejores flores para sus abejas.

Los huthi, con el respaldo de Irán, se han hecho con el norte. Mientras que el sur ha quedado partido entre los secesionistas que avalan los Emiratos Árabes Unidos y los seguidores del Gobierno del presidente Abdrabbo Mansur Hadi que acoge Arabia Saudí. Ambos países del Golfo custodian hoy los puertos donde antes pescaban los locales, así como los yacimientos de hidrocarburos que hoy funcionan a medio gas. Pero los criadores de abejas son ajenos al reparto de territorios. Cargan sin protección alguna las colmenas en la parte trasera de sus furgonetas y viajan hacia los cuatro puntos cardinales: Saná, Saada, Hadramouth o Shabwa donde se encuentra el codiciado néctar. Se guían por las estaciones y las altitudes, adaptándose a los avances y retrocesos militares.

“Ni los soldados del Ejército yemení ni los huthi nos cobran nunca tasas cuando nos paran en los controles militares”, asegura Alí Hussein Jaled, apicultor de 35 años, desde lo alto de una furgoneta al tiempo que descarga garrafas repletas de la preciada miel. “Además, les dan miedo las abejas”, repone tan divertido como habituado a que un ejército de aguijones se imponga sobre fusiles o lanzagranadas. Como el resto de civiles, también han sufrido bajas cuando los cazas saudíes y emiratíes han bombardeado por error sus vehículos, matando a compañeros y destrozando los panales. Jaled posee 12.000 colmenas, una cantidad nada desdeñable si se tiene en cuenta que toda su tribu suma 50.000 en total.

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