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miércoles 28 de octubre de 2020
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La misma ira es responsable de la candidatura de Trump y el Brexit

Durante la convención demócrata, experimenté una incómoda sensación de «déjà vu». En la arena se hallaba el eslogan de la campaña de Hillary Clinton: «Más fuertes juntos». Era un triste recordatorio del que se usó en la campaña perdedora del referéndum del Reino Unido: «Más fuertes dentro». Esta similitud representa más que una desafortunada coincidencia. Me gustaría señalar tres paralelismos entre el Brexit y el «fenómeno Trump» que debieran preocupar a la campaña de Clinton. El primero es la potencia de la inmigración como problema. El segundo es cómo las campañas de Trump y del Brexit se convirtieron en vehículos para los votos de protesta contra la inseguridad económica. El tercero es la brecha entre la opinión de la élite y la de la clase trabajadora de raza blanca.

En ambas campañas se surgió la promesa de controlar la inmigración como uno de los ejes. En el Reino Unido, la demanda por parte de los partidarios del Brexit de «retomar el control» se interpreta, sobre todo, como una promesa de detener el flujo de inmigrantes proveniente de Europa. Trump anuncia que va a «construir un muro» y detener la inmigración ilegal desde México hacia EE.UU.

En ambos países la inmigración se convirtió en un símbolo de la supuesta inclinación de la élite de socavar las condiciones de vida de la clase trabajadora al permitir la entrada de mano de obra barata proveniente del extranjero. Las campañas del Brexit y de Trump también fusionaron la ansiedad acerca de la inmigración con el miedo al terrorismo. El candidato republicano exigió, de manera infame, prohibirles la entrada a todos los musulmanes a EE.UU. Durante la campaña en el Reino Unido se utilizaron carteles relacionado con la crisis de refugiados, sacando provecho de las preocupaciones por el flujo de inmigrantes musulmanes provenientes del Medio Oriente.

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