La monogamia en tiempos de internet

Un martes por la mañana, antes de salir del apartamento de Michael, sonreí y le dije: “Que te vaya bien en tu clase de hoy”. Puede que eso no suene importante, pero intentaba darle una pista: estaba interesada en algo más que nuestros encuentros una noche a la semana.

Pero podía comprender que no entendiera.


Entonces, un poco después, le envié un mensaje de texto: “¿Podrías enviarme una lista con tus canciones favoritas?”.

Me envió una, pero aún no estaba segura de que hubiera captado el mensaje.

Decidí ser un poco más obvia: “¿Quieres ir al Gran Cañón en las vacaciones de primavera?”.

“Suena divertido”, respondió, “pero estaré ocupado en esas fechas”.

Era ridículo. Al final terminé por escribir: “Me gustas y quiero estar contigo”. Después cerré con fuerza los ojos y presioné “Enviar”.