La muerte de «Mauricio»

Alguien estaba desconectado de la realidad. Los encuestadores del Círculo Rojo, los grandes medios que militaron hasta el fin y, por supuesto, el gobierno de Cambiemos. Sobre todo, el Presidente y su núcleo de acero, una vez más, en la burbuja de un poder tan frágil como inestable. Tantas veces elogiada, la campaña del macrismo fue la peor de todas. El miedo que agitó el oficialismo sin registrar el susto que su propia obra genera en los que viven de un ingreso en pesos, el interminable loop de la corrupción kirchnerista en los medios amarillos y la delirante encrucijada entre autoritarismo y democracia -en medio de una realidad con indicadores sólo comparables a los de 2001 y 2002- fueron la mejor forma de pescar en la pecera de los convencidos.

Como espejo refractario, la oposición del Frente de Todos hizo el esfuerzo más grande: construyó en torno a Cristina Kirchner un espacio de una amplitud que no tuvo durante los años de mandato de la ex presidenta. Esa nueva alianza del panperonismo puso el oído y acertó al encarnar las demandas de los que caían devorados por la crisis. Detrás de los números que muestra el INDEC todos los meses, hay víctimas que ponen el cuerpo y que eligieron en su mayoría votar a Alberto Fernández a nivel nacional y a Axel Kicillof en la decisiva provincia de Buenos Aires.


No alcanzó la ternura de una María Eugenia Vidal, que no pudo despegar de la mochila de plomo que resulta Macri en el conurbano bonaerense y también en el interior, aquel territorio blindado del macrismo. Los números de Santa Fe, Mendoza y Córdoba completaron un cuadro letal para las aspiraciones de los abanderados del optimismo permanente. La jugada de Juan Schiaretti para beneficiar al Presidente le costó caro y los votos que fueron de José Manuel de la Sota regresaron al frente de la mayoría de la mano de Fernández y Sergio Massa.