La música no mata, la codicia sí

El Indio Solari siempre fue un intocable. Nunca rindió cuentas. ¿Por qué? El motivo es muy simple. Solari no solo es el rockero argentino que más convoca: es el único de todos los que están vivos que realmente importa, el único rockero capaz de provocar un debate cultural a gran escala. Cualquier cosa que el Indio diga sobre la política, sobre el país, históricamente importa, mueve el amperímetro de la discusión pública, es noticia. Nadie en la escena musical argentina tiene esa capacidad.

Es entendible. Ninguna otra figura, en la Argentina o en todo el continente puede hacer que fans de todo el país y de países vecinos se congreguen en predios de ciudades pequeñas, pagando tickets a precios elevados, tickets que al fin y al cabo nadie corta o controla de acuerdo a testimonios, en conciertos con ingresos y salidas virtualmente sin señalización, todo entre el caos, sin ningún tipo de garantía o seguridad, luego de días de viajar a dedo o dormir a la intemperie. No importan los riesgos o las contradicciones. Es una regla que solo vale para el Indio, en toda su condición de intocable: cualquier otro artista tendría que tirar su instrumento a la basura.