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domingo 1 de agosto de 2021
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La nueva bestia nicaragüense

El sandinismo revolucionario de 1979 se ha degenerado hasta llegar a este partido-estado cuyo vértice es OrMu, una entidad indistinguible entre el matrimonio del Presidente Daniel Ortega y la Vicepresidenta Rosario Murillo y la jefatura absoluta del Estado. La Revolución Sandinista tenía todos los números para escapar de de la ley de hierro de la oligarquía en la que cayeron casi todos los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo de los años ´70 y ´90. La variedad política (y teológica) de ese movimiento revolucionario, en particular, parecía ser el terreno más fructífero para la germinación de un ideario de izquierda que superara la dualidad entre reforma y revolución, que enderezara de una vez la relación entre libertad e igualdad y que lanzara al olvido toda pretensión de irreversibilidad de los cambios políticos, así hubieran sido obtenidos con una cuota de sangre y sacrificio generosísimos.

Las heterodoxias ideológicas y estéticas le daban un aire propio y único. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no era reducible al ícono heroico de un guerrillero individual, sino que era las mil flores de la literatura de Sergio Ramírez o Gioconda Belli, las sandalias franciscanas de Ernesto Cardenal y de miles de curas de pueblo. Un movimiento que no era inmediatamente asible dentro de la lógica terminantemente binaria de la Guerra Fría, cuyo fuego igual abrasó Nicaragua con la emergencia de la contrarrevolución.

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