martes 24 de mayo de 2022
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La pandemia produjo cambios en nuestro trabajo (y muchos no nos convienen)

Como muchas personas con un trabajo de oficina, he pasado la pandemia trabajando desde casa o, de manera más específica, desde la cama de una habitación de nuestro departamento microscópico en Brooklyn, que también alberga a un niño de 6 años, a un gato llamado James Bond y a una aspiradora robótica Roomba llamada DB5. Cuando tengo reuniones de trabajo por Zoom, intento ponerme algo con estilo informal pero profesional y asegurarme de que mi cabello no me haga lucir como si hubiera pasado el tiempo libre en un túnel de viento. Sin embargo, estrictamente hablando, ese esfuerzo tal vez sea innecesario porque muchas de las formalidades del trabajo de cuello blanco se han erosionado.

En el caso de los llamados trabajadores del conocimiento, el paso hacia una cultura de trabajo informal lleva décadas en marcha, pero la covid aceleró la tendencia al demostrar que algunos requisitos de la oficina son arbitrarios, contraproducentes y hacen miserables a los trabajadores. No extraño los largos e inútiles desplazamientos al trabajo que me restan energía incluso antes de que empiece la jornada laboral. Además, después de haber atravesado más de una vez la nieve y el hielo con zapatos de tacón de aguja mientras cargaba libros de texto pesados, creo que la relajación de los códigos de vestimenta está deshaciendo décadas de confabulación diabólica sobre la ropa de trabajo aceptable, sobre todo para las mujeres, a quienes a menudo se les imponen normas diferentes y más rigurosas. (No soy la única en esto: en una encuesta de 2019, el 33 por ciento de los trabajadores aseguró que renunciaría a 5000 dólares adicionales de salario por un código de vestimenta informal).

nytimes.com  (www.nytimes.com)