martes 28 de junio de 2022
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La paradoja de los cosméticos recargables: existen, pero apenas se usan

Sobre el papel todo suena perfecto. Una marca cosmética lanza un producto -el que sea- en un packaging bonito, de esos que da pena tirar. Puede ser la carcasa de un colorete, un frasco de perfume o el bote de aluminio para un champú. La campaña de marketing nos dice que, además, cuando se acabe, podemos recargarlo. Se arropa con reclamos de sostenibilidad, logra picos de audiencia en redes sociales y no hay influencer que no jure que va a usarlo a diario.

Y, luego, ¿qué? La realidad es que estos productos apenas tienen repercusión comercial. Hay quienes incluso lo ven como un despropósito medioambiental: se producen a sabiendas de que no se van a vender. Si tenemos producto, tenemos campaña y tenemos conciencia ecológica, ¿qué falla para que los recargables no terminen de arrancar? La respuesta no es fácil, ni puede achacarse a una sola causa.

El primer escollo surge a la hora de comprar la recarga. Como se venden poco, las perfumerías convencionales no siempre las tienen en sus tiendas físicas. Sin ir más lejos, las recargas de L’Art & La Matière, de Guerlain, solo están disponibles en El Corte Inglés de Serrano (Madrid), en el de Marbella y en el de Diagonal (Barcelona). También se encuentran en la Boutique Guerlain y en guerlain.com. Las recargas de Haan directamente no están en muchas farmacias.

smoda.elpais.com  (smoda.elpais.com)