viernes 9 de diciembre de 2022
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La paz y la guerra se han vuelto sinónimos

En 1999, el entonces ministro del exterior alemán Joshka Fischer fue humillado durante la conferencia anual de su Partido Verde con un globo relleno de pintura roja que le explotó en la cara: la venganza de los militantes frente a su apoyo a la guerra de la Otan contra Yugoslavia. Hoy, 23 años más tarde, el mismo Partido Verde –un partido pos-hippie cuyo militante promedio se podía reconocer, durante largas décadas, por su irreductible fe pacifista, además que por el abuso de sandalias Dr. Scholl’s rigurosamente calzadas con medias blancas– amenaza con una crisis de gobierno al canciller socialdemócrata Scholz que se resiste a enviar armas de destrucción y tanques a Ucrania. La paz, explican los nuevos dirigentes verdes, se hace con la guerra y la destrucción física del enemigo ruso. Si vis pacem para bellum: si quieres la paz prepárate para la guerra decía Vegetius, un alto aristócrata romano conocido por su belicismo extremista y por haber inspirado, siglos después, a los ideólogos del fascismo italiano. Unos mil seiscientos años más tarde, semejante aforismo resume el pensamiento rancio y reaccionario del Partido Verde, un tiempo colocado a la izquierda radical y fundado, entre otros, por el inolvidable líder del 1968 alemán e intelectual refinado Rudi Dutschke. 

Lamentablemente, el caso alemán es representativo de una tendencia más general del debate europeo que afecta tanto a los progresistas -que se han vuelto unos fanáticos belicistas- como a los conservadores: todos unidos detrás de la bandera de la Otan, en nombre de los “valores occidentales”. De esa forma, la paz y la guerra se han vuelto sinónimos, Ucrania gana aun cuando pierde, Rusia pierde aun cuando gana, las sanciones económicas funcionan aun si no están funcionando, Zelenski es un héroe sin mancha fotografiado con su rubia mujer en la tapa de Vogue a pesar de que tan solo en octubre de 2021 era tapa de diario por el escándalo de corrupción de los Pandora Papers, Putin (que, sin dudas, no es ningún santo) es el demonio aun cuando plantea el problema serio y real de las persecuciones contra de las minorías (rusas y no) en la Ucrania pos-2014, los miembros del batallón Azov son unos idealistas lectores de Kant, cuando en realidad son una banda compuesta por neonazis, las milicias filorusas del Donbass son unos nazis si bien su bandera tenga la hoz y martillo.

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