sábado 4 de diciembre de 2021
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La película maldita de Jerry Lewis sobre el Holocausto

Es curioso cómo muchos cómicos en un momento de su carrera deciden saltar al drama a la búsqueda del reconocimiento que creen les falta en su currículo. Al final de su trayectoria profesional, Jerry Lewis rodó Max Rose (2013) en una absurda competición hacia su ansiado Oscar -aunque ya había recibido otro, el humanitario- que se quedó en intento baldío… porque era un filme ñoño y lamentable. Para sorpresa de muchos, no era su primer esfuerzo en el drama. El anterior, The Day The Clown Cried, supuso en 1972 el gran resbalón en su filmografía… según el mismo Lewis, que fue quien hizo desaparecer una película en la que encarnaba a un payaso, preso en un campo de exterminio por burlarse de Adolf Hitler, que alegra el camino de los niños judíos a las cámaras de gas. Una especie de flautista de Hamelin del Holocausto. Lewis tuvo control absoluto de la producción y del material, y acabado el largometraje, decidió que nadie más lo viera. ¿Qué ocurrió?

A inicios de los años setenta, Jerry Lewis estaba en una de sus habituales giras en Francia, donde era idolatrado, y tras una actuación en el parisino teatro Olympia se acercó a charlar con él un productor húngaro, Nathan Wachsberger, que poseía los derechos de un guion escrito por Joan O’Brien y Charles Denton una década antes (se puede leer íntegro en Internet). Nadie quería protagonizar aquella historia porque sonaba a muy mala idea. Y puede que fuera verdad, aunque décadas después La vida es bella se acercara con bastante similitud al mismo tema. El protagonista, Helmut Doork, es un payaso arrestado por la Gestapo por reírse del Führer. Enviado a un campo de concentración, empieza a alegrar la vida de los presos, hasta que los nazis lo confinan en solitario. Sin embargo, sus carceleros descubren que pueden utilizar su talento para llevar engañados a los niños judíos en su traslado a Auschwitz y en su entrada a las cámaras de gas. Y Doork, para salvar su vida, sin querer ser consciente de para qué le están usando, acompaña a esos niños. La película -al menos el guion- acaba con los críos abrazando al payaso, preguntándole «¿Adónde vamos, Helmut?», y con Doork actuando. Cantando y riendo entran todos -incluido él- en la cámara de gas, y se cierran las puertas.

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