La pregunta que modificó un hit del rock latino

Empecé a escuchar a Café Tacvba a mediados de los 90, cuando Fernando Sánchez (en ese entonces, periodista de la revista La Maga y tecladista y compositor de Sometidos Por Morgan; luego editor de Rolling Stone y fundador de Barcelona), me instó a escuchar a esa banda que Pablo Marchetti, cantante de Sometidos, había mencionado como una de sus principales influencias en una entrevista en el desaparecido canal Music 21. «Son mexicanos. Tienen un disco que se llama Ré y está buenísimo», me dijo. Desde entonces, sus canciones se volvieron uno de los pilares de la banda sonora de mi vida. Y, con el tiempo, entendí que más allá de su talento para hacer canciones, su mensaje encerraba, del punto de vista conceptual, una de mis obsesiones: el regionalismo crítico. Muchos años más tarde, tuve la posibilidad de entrevistarlos en profundidad para Rolling Stone. La secuencia incluyó una visita de Rubén a mi casa, luego de un concierto multitudinario en el Planetario. Y desde entonces, construimos un vínculo afectuoso que me honra.

Fue una noche de marzo de 2017. Rubén Albarrán, el líder de Café Tacvba, acababa de cantar con Hoppo!, su proyecto paralelo en La Usina del Arte. En los camarines, que compartía junto a Juanito el Cantor, el maestro Jaime Torres y Carolina Peleritti, me recibió con un abrazo y, con una sonrisa cómplice me dijo: «¡Qué lío que armamos!». Unos meses antes, lo había entrevistado junto a sus compañeros de Café Tacvba, para las páginas de LA NACION. Al final de ese encuentro, les hice una pregunta cuya respuesta fue replicada por el New York Times, Billboard, Rolling Stone, El País, entre otros medios. También fue el disparador, (¡vaya paradoja!) para que el grupo deje de tocar -por un largo tiempo- una de sus canciones más emblemáticas: «La ingrata».