domingo 5 de diciembre de 2021
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La primavera macrista

En el campeonato abierto de caracterizaciones de Cambiemos que se juega en la vital masa crítica opositora, me permito más que encontrar el adjetivo correcto (si es derecha democrática, derecha genocida o nueva derecha) reconstruir una genealogía de su instalación. Porque, ¿cuál es el miedo? Se puede apelar por vez millón a otra verdad del Arte de la Guerra: «Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no temas el resultado de cien batallas; si te conoces a ti mismo, pero no conoces al enemigo, por cada batalla ganada perderás otra; si no conoces al enemigo ni a ti mismo, perderás cada batalla.» Conozcámonos.

Cambiemos es la suma de tres partidos: UCR, Coalición Cívica (CC) y PRO; que es el corazón de la coalición Cambiemos. Y tiene una relación paradójica con el 2001. Porque podemos decir que la experiencia que lidera Macri es hija de la crisis y el estallido, ya que Macri «se hace político» recién en 2002/3, recupera una idea de renovación, hace del «que se vayan todos» su programa de incorporación gradual de cuadros del mundo privado, empresarial y el oenegeísmo social para sustituir una clase política repudiada, y a la vez, por izquierda, es acusado de promover un plan económico de ajuste, achicamiento estatal y liberalización económica que podría desencadenar en otro 2001. Macri aparece tan hijo del 2001 pasado bajo su mirada como padre de un 2001 futuro bajo la mirada de los otros. La otra identidad que nació luego de aquel estallido es el kirchnerismo. Pero no perdamos el foco.

Cuando el kirchnerismo enfrentó los cacerolazos de 2012 y arrojó la recordada frase (ya repetirla es trillado) «armen un partido y ganen elecciones», visualizaba que el malhumor social se debía al cepo al dólar («los que quieren ir a Miami»), que era una realidad híper segmentada de gente que jamás los votaría y que estaban incapacitados socialmente de construir una victoria electoral. No habría metástasis entre esa clase media alta indignada y el resto de la sociedad. Pero había caído ahí en el economicismo, etapa inferior de cualquier análisis. Sembró una profecía peligrosa: porque el macrismo efectivamente estaba construyendo un partido, una organización que vencía al tiempo, capaz de esperar las elecciones que fuera necesario esperar para presentarse y… ganar.

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