martes 13 de noviembre

La quema (escondida) de Bullrich

La tarea cotidiana de un periodista que trabaja en un matutino se desarrolla en la tarde-noche de cada día. Esto significa que salimos de casa en las primeras horas de la tarde y regresamos bien entrada la noche, sobre todo si se vive en Lanús, como es mi caso. Es fácil deducir, entonces, que nos acostamos tarde y nos levantamos cerca del mediodía, salvo que tengamos que cubrir juicios orales siempre tempraneros o lo que es peor, saltar de la cama a las siete de la mañana –hora insalubre si las hay– para jugar a las escondidas con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, por ejemplo.

La noticia era la quema de “seis toneladas” de droga, acontecimiento que podía, o pudo ser presenciado –vaya uno a saber– por cualquier ciudadano, siempre que no se tratara de un periodista y un fotógrafo del diario PáginaI12. Tal vez pensaron que nos íbamos a poner a gritar “no lo hagan, no quemen nada” o, lo más probable, que pensaran y tal vez con razón, que podríamos ironizar sobre estas movidas grandilocuentes que intentan hacer creer que quemando marihuana y encarcelando perejiles se le pone fin al “flagelo del narcotráfico”.


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