jueves 20 de septiembre

La radiofonía argentina cumple 98 años: un presente que desoye la celebración de la historia

La radiofonía argentina cumple 98 años pero no tiene mucho que festejar. Envuelta en una crisis que combina lo económico con lo tecnológico, la radio que durante décadas nunca dejó de transmitir, acompañando la vida de varias generaciones de argentinos, está atravesando uno de los momentos más críticos que se recuerden. Sigue al aire, emocionando e informando, divirtiendo y enojando a quien la quiera escuchar, pero con el hilo de voz que suele distinguir a quien aún está conmovido por alguna dolencia. La radio argentina ya no tiene la potencia de antaño y ha perdido algunas voces. El inexplicable vaciamiento y posterior silenciamiento de Radio América (AM 1190), el desguace de emisoras tradicionales como Del Plata (AM 1030) y El Mundo (AM 1070), el insólito e inédito remate a la que será sometida la vieja y querida radio Rivadavia (AM 630) en los próximos días, son apenas los aspectos más visibles de un medio que sigue sonando pero a costa de profesionales que perdieron o ven amenazados sus cada vez más precarizados puestos de trabajo. Los mismos trabajadores que, a la vez, son los principales sostenes creativos de la radio argentina. Pese a todo.

Cada 27 de agosto se celebra en el país el Día de la Radiodifusión Argentina. La fecha, que conmemora a aquellos “Locos de la azotea” que en 1920 realizaron la primera transmisión, siempre sirve como disparador para analizar el estado de situación del medio. Desde que en diciembre de 2015 Cambiemos asumió el gobierno, la radio argentina ingresó en un espiral descendente del que aún no pudo recuperarse. El cóctel de crisis económica, reasignación de la pauta oficial e irresponsabilidad de empresarios inescrupulosos y oportunistas derivó en emisoras cerradas, radios quebradas, cientos de despidos, indemnizaciones incumplidas y pago de sueldos en cuotas imposibles de comprender para productores, periodistas, técnicos, locutores, operadores y personal administrativo no muy duchos en la ciencia de las matemáticas. La pasividad del Ministerio de Trabajo y del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), que permitieron y siguen permitiendo a las empresas incumplir con sus obligaciones más elementales, echaron más leña al fuego de la debacle. La precarización no es sólo laboral sino también artística: el “loteo” de espacios al mejor postor hoy es moneda corriente en emisoras pequeñas, pero también en aquellas consideradas “grandes”.


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