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domingo 1 de agosto de 2021
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La reconversión del Instituto Patria: la usina que alimenta la pulseada interna en el oficialismo

Había pasado menos de una semana de la asunción de Alberto Fernández cuando Cristina Kirchner convocó a Oscar Parrilli, presidente del Instituto Patria, al despacho que ella todavía tiene en el primer piso de la sede de la fundación, centro de su poder durante los cuatro años de gobierno de Mauricio Macri. La flamante vicepresidenta había dado unos días antes, en un acto en Avellaneda, una pista del papel que tenía en mente para su colaborador más cercano y para el instituto, después del regreso del peronismo al poder. “Fue y sigue siendo un lugar de pensamiento y de discusión”, había dicho en público, con Parrilli aplaudiendo en primera fila. La instrucción en privado fue más directa: “No se desmovilicen”.

Transcurrido un año y medio del gobierno de Alberto Fernández y con Cristina ya instalada en el Senado, el Patria dejó de ser la base de operaciones del kirchnerismo y cerró sus puertas por la pandemia. La vicepresidenta no visita su oficina del palacete de Rodríguez Peña y Bartolomé Mitre desde el verano de 2020, cuando, en un movimiento calculado, eligió ese lugar para firmar el acta con la que asumió su interinato en el Poder Ejecutivo, ante la primera gira internacional de Alberto Fernández. Pero Parrilli y el resto de la mesa chica del instituto, una vieja guardia que mutó en ala dura, se las arreglaron para cumplir la orden que les dio Cristina. El Patria transita una nueva reconversión política. Concebido como una fortaleza para combatir el desmembramiento político y resistir las ofensivas judiciales durante el gobierno de Cambiemos, transformado después en epicentro de la reunificación por capítulos del peronismo, hoy opera como usina de propuestas y planteos subterráneos que alimentan las principales pulseadas dentro del oficialismo.

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