La regla del 37%: cuándo dejar de buscar estacionamiento (y otras sugerencias algorítmicas)

El estudio, uno de los más famosos en el campo de la economía no tradicional, data de la era predifusión de Internet, a tal punto que sus dos autores, los economistas Marianne Bertrand y Sendhil Mullainathan, usaron el fax para mandar solicitudes de empleo (falsas) a distintas empresas para medir el grado de discriminación. La mitad de los Curriculum Vitae venían de aspirantes con nombres típicos de blancos (Emily o Greg), en tanto que la otra mitad incluía nombres comunes en la comunidad afroamericana, como Lakisha o Jamal. La diferencia de tratamiento fue abismal: tener un nombre «de blanco» incrementaba las chances de respuesta del empleador en un 50%.

Quince años más tarde, Mullainathan volvió a medir discriminación, pero esta vez sobre decisiones no humanas. Y encontró nuevamente racismo en las recomendaciones de un algoritmo sobre los cuidados médicos asignados a pacientes de acuerdo a determinados síntomas. La brecha descubierta fue inmensa: si se eliminaba el sesgo, el doble de pacientes afroamericanos hubieran recibido ayuda médica extra. ¿Dónde estaba el error? En que el programa calculaba riesgos (y, por ende, sugerencias de tratamientos) basándose en el historial de gastos médicos de cada paciente, que en los Estados Unidos es mucho más elevado entre los blancos con relación al resto de la población.


Mullainathan cree que corregir este sesgo en las máquinas es mucho más sencillo (de hecho, ya se resolvió en gran medida) que hacerlo con los humanos. La economía del comportamiento tiene miles de estudios experimentales que muestran como nuestros sesgos (hay más de 200 descubiertos hasta ahora) pueden tener efectos determinantes en la vida de las personas: los jueces israelíes -según un trabajo muy difundido- dan penas más severas antes del almuerzo que después, con la panza llena. Para corregirlos, la teoría de la decisión apela a distintas disciplinas, como la psicología, las neurociencias (¿cómo afectan factores biológicos, como el grado de cortisol, a las distintas decisiones?), al diseño, a la economía del comportamiento, a la teoría de los juegos, a la experiencia de usuario (UX) o a la filosofía, entre otras.