jueves 26 de mayo de 2022
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La reinvención del seudónimo: de la literatura y la prensa a las redes sociales

Para contar algo prohibido, evitar la persecución política, tener un nombre difícil de recordar o liberarse de la presión de publicar con el propio, escribir con seudónimo fue una práctica común en la literatura y el periodismo de los siglos XIX y XX. A muchos escritores -desde Mark Twain hasta Pablo Neruda- no los conocemos por sus nombres reales -Samuel Langhorne Clemens y Neftalí Ricardo Reyes, respectivamente-, sino por aquellos que, por un motivo u otro, decidieron dejar estampados en sus libros.

Aunque existen algunas excepciones -la más reciente es Elena Ferrante, el nombre ficticio con el cual está firmada la novela La amiga estupenda (Penguin Random House), uno de los mayores fenómenos editoriales del año y cuya autoría real se desconoce-, la práctica del seudónimo hoy está casi desterrada en su sentido original. En una época en la que sobreexponemos nuestra identidad, en la que armamos una marca personal en Twitter, Facebook, Instagram y Snapchat, ¿cómo escapar del nombre propio?

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