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domingo 19 de septiembre de 2021
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La resaca de las protestas en Cuba: la indefensión de los ciudadanos ante los atropellos del régimen

El escritor Ángel Santiesteban está escondido en algún lugar de La Habana. Ha declarado que corre peligro y que por ello vive de manera clandestina, porque el régimen cubano lo busca para encarcelarlo por haber participado en las protestas del 11 de julio. Santiesteban quiere evitar lo que le ha ocurrido a muchos de los ciudadanos que salieron a las calles a ejercer su derecho —aceptado en la Constitución, pero negado en la práctica— de manifestarse en contra del régimen y que no fueron apresados en ese momento, sino identificados luego por videos o en declaraciones de manifestantes ya detenidos: que las fuerzas policiales toquen a su puerta, le esposen las manos y lo trasladen a algún calabozo para posteriormente enjuiciarlo.

Las redes sociales de los cubanos están inundadas de denuncias que llevan los rostros y cuerpos de centenares de personas siendo interrogadas o que han sido sentenciadas en juicios sumarios y están en prisiones. También llevan los rostros —en menor medida— de aquellos cuyo paradero, más de 20 días después de las protestas, aún no se conoce. Mientras tanto el régimen, dueño y señor de todas las emisoras de radio, todos los periódicos y todos los canales de televisión del país, manipula la situación negando las violaciones de derechos humanos y del debido proceso judicial que están padeciendo estos ciudadanos y sus familias.

La estrategia del régimen es la de siempre: victimizarse en público; ponerse en el rol de agredido y no de agresor para vender la imagen de que lo sucedido en Cuba es una operación gestada en Estados Unidos —en vez de una reacción espontánea por la indignación social del pueblo— y así justificar su feroz represión.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)