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sábado 28 de noviembre de 2020
Cursos de periodismo

La revolución de la hermana menor de la pantalla chica

Si hay algo que sin dudas se ha potenciado a los largo de todos estos días que lleva nuestro aislamiento social, preventivo y obligatorio, es el consumo cultural. La producción cultural, por otro lado, no parece haber acompañado el crecimiento, o por lo menos la clase artística no atravesó una bonanza económica que acompañe esta explosión de la demanda de películas, series, libros, música, videoclips en su infinita variedad youtubera, podcasts y espectáculos en vivo. Lo que sin dudas sufrió el sector es una transformación violenta. Y sólo una de las patas de esta oferta es la que recibió en medida proporcional los frutos del cambio de costumbres que trajo consigo la cuarentena: los shows en vivo.

No son en éste caso los shows en vivo musicales y/o teatrales, los que florecieron con mayor éxito, ya que no muchos de los experimentos que se realizaron desde la industria más tradicional durante el último semestre de cuarentena dieron grandes muestras de haber comprendido qué es lo que precisa la demanda –el público- cuando está encerrado en su casa. Pero “el vivo”, lo que está sucediendo y es, a la vez, en directo, sigue teniendo ese morbo eterno que alimenta el sentido del entrenamiento a la masa. Ya con los canales de televisión clásicos y grandes radios ofreciendo producciones para públicos de generaciones anteriores, el ambiente más proclive para que se desarrollen estas situaciones de vivo, de reality a la vieja usanza, son las plataformas de streaming. De Youtube, NimoTV a Instagram live, fue notorio como cierto consumo de nicho rompió la barrera hacia las más grandes masas.

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