La revuelta de las mujeres de irán que se niegan a llevar velo

Hay diferentes maneras de estar en un lugar público: por lo general, se habita o se transita, pero también se puede disputar. Sucede algo parecido con los cuerpos de las mujeres, donde las geografías de la moral, la religión y la cultura se entrelazan para generar libertades artificiales; ficciones de lo propio. Los cuerpos como espacios politizados en los que incluso la ropa tiene una carga simbólica —y el uso de una u otra prenda, interpretaciones muy diversas—.

«Un trozo de tela me había suplantado», dice la periodista y feminista egipcia Mona Eltahawy en su libro «El himen y el hiyab» (Capitán Swing, 2018) acerca del uso del velo. Algo similar sobre la identidad y las decisiones venía a decir la campaña irlandesa #ThisIsNotConsent —#EstoNoEsConsentimiento—, en la que miles de mujeres compartieron fotos de su ropa interior después de que una adolescente que había denunciado una agresión sexual fuese cuestionada por llevar un tanga de encaje cuando fue violada. Al parecer, en su caso, un trozo de tela también habría suplantado su autonomía.