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lunes 25 de octubre de 2021
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La revuelta permanente de Nicanor Parra

Nicanor Parra, que consagró su vida a luchar contra la pomposidad de los números redondos, ha muerto hoy, 23 de enero de 2018, a los 103 años, exactamente ochenta después de que le declarara “la guerra a la metáfora”.

Físico experto en teoría de la relatividad y en cosmología, formado durante los años 40 en las universidades de Brown y de Oxford, fue desde muy joven señalado por Gabriela Mistral como el futuro gran poeta de Chile. Y por los lectores como el gran antagonista de Pablo Neruda.

Sobre todo desde la publicación de Poemas y antipoemas en 1954. Un libro que es parteaguas o sismo, que abunda en la grieta ontológica que habían abierto Auschwitz, Hiroshima y el Gulag. Un libro que, desde un rincón del Cono Sur, y al mismo tiempo que —en un sentido muy distinto, pero extrañamente complementario— también lo hacía la obra de Paul Celan, rebatió la sentencia de Theodor Adorno y logró que la poesía siguiera siendo pertinente después de los campos de concentración. Tal vez más pertinente que nunca, porque su vocación es precisamente tender puentes sobre las grietas y nunca estuvo nuestra realidad tan agrietada como desde entonces.

Si la mejor poesía de Neruda es la vanguardista, la que narró con vértigo metafórico en Residencia en la tierra (1925-1935) la angustia furiosa del yo en una fragmentaria vuelta al mundo; la mejor poesía de Parra es toda, porque consiguió que la fuerza de Trilce no muriera en París tras el aguacero, sino que atravesara la segunda mitad del siglo XX y llegara hasta nosotros, a orillas del XXI.

nytimes.com  (www.nytimes.com)