viernes 16 de noviembre

La riqueza de las naciones y la riqueza del hijo del vecino: ¿embrollo constitucional en Cuba?

La lectura de los reportes de prensa sobre las deliberaciones en la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba me estimula a volver a mi nota del pasado 21 de julio. Había llamado la atención entonces acerca de que varios términos como “propiedad”, “riqueza” e “ingreso” parecían significar cosas diferentes para distintas personas en el debate nacional. Los recientes intercambios entre los parlamentarios parecen haberlo confirmado.

Por una parte, se habló de que el socialismo debe construirse con riquezas, lo cual es indisputable, pero vale precisar que aquí la referencia a la riqueza se ubica en el gran plano de “la riqueza de las naciones”, a lo Adam Smith, o del trabajo como creador de riqueza de la manera en que aparece en la obra de Marx y Engels. Por otra parte, en el intercambio parlamentario también se hizo referencia a la distribución de la riqueza (su concentración), el cual es un plano de análisis muy diferente.


¿Es apropiado utilizar el gran plano para hacer una discusión constitucional sobre cómo regular la concentración de la riqueza en Cuba?

En mi modesta apreciación, lo dudo mucho. Saber que la riqueza –esencialmente entendida como valor- es fuente de acumulación y de bienestar no se relaciona directamente con una norma para evitar la concentración de esta. Lo primero es un paso necesario para entender el proceso, pero dista mucho de ser suficiente para regular la dinámica de la distribución social de la riqueza.

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