La Tierra es plana, nacionalista y antisemita

Aclaración previa: todo lo que se leerá a continuación podrá resultar gracioso, pero son casos reales, con personas reales y el real sostenimiento de hipótesis peligrosas.

Que a esta altura del siglo XXI haya personas que sostengan que la Tierra es plana, causa risa, es hilarante y hasta de chiste fácil. Incluso en Netflix podemos ver un documental titulado Tan plana como un encelfalograma, que a simple vista nos puede generar una suerte de bardeada desde el propio título, pero que en una segunda vista –o viéndolo con atención, elija– muestra que el fenómeno es cosa seria, y no precisamente porque sea algo en lo que sus miembros tengan razón: es cosa seria lo que se esconde tras un manto de ridiculez.


El terraplanismo es un movimiento que viene flotando –sobre tortugas– desde siempre, pero que con la avanzada de Internet ha encontrado el impulso necesario, como todas las estupideces. El mecanismo por el que esto sucede es sencillo: una teoría estúpida o extrema no es oída por nadie, pero un video de YouTube con 500 vistas es un lograzo. ¿Quién puede darse el lujo de hablar para 500 personas? Y sin riesgos de ser golpeado: así es que hemos visto crecer en adherentes teorías tan estúpidas como las que sostienen los antivacunas, los que creen que el hombre no llegó nunca a la Luna, que un líder de masas murió de forma extraña y sobrenatural, que las Torres Gemelas fueron volteadas por los propios Estados Unidos, etcétera. En un claro esfuerzo para probar el sesgo de información, hay muchas personas, demasiadas, que necesitan dar a conocer sus certezas antes que satisfacer sus intrigas. Porque no tienen intrigas.